“El verano había terminado y el señor Sousa permanecía meditabundo en aquel balneario solitario… Se halló sorprendido entre dos tiempos.”— Adolfo Couve, Balneario, 1993
Balneario
Esa playa, ese balneario abandonado todos los inviernos. El trabajo insistente del agua que dedica siglos en mutar la forma, en definir este escenario ocupado por aquellos personajes que participan del verano exponiendo sus carnaciones al sol. Como telón de fondo, cuelga el respectivo color del cielo asignado a cada escena según las variaciones específicas de cada hora del día: a veces azul, a veces rojo; oscuro y transparente, o espeso, reventado de luz.
Pero este es un balneario imaginario, construido pieza por pieza sobre estas telas como un montaje ensamblado; los motivos, por lo tanto, se repiten y reaparecen con insistencia en cada cuadro que conforma esta muestra. Las mismas piscinas, las mismas palmeras afiladas, el mismo niño de perfil parcialmente sumergido en el agua. Elementos que, distribuidos en múltiples variaciones y a riesgo de ser incauto, me permiten aproximarme a la confección de mi propio balneario.
Nada en este escenario termina de afirmarse como acción. Las figuras operan en un umbral: no hacen, no concluyen, no se fijan. Cada una depende de una mínima alteración que podría desplazarla hacia otro lado, cambiar su suerte. No existe relato, solo las condiciones para que el suceso tenga lugar.
Tomás Bravo Droguett
Santiago, Abril 2026
