Juguetes, esculturas, objetos y personajes conforman una escenografía imposible, donde los bordes difusos y el desenfoque dificultan una lectura clara de lo representado, situando al espectador en un umbral entre lo familiar y lo inquietante. Aquello que podría parecer fortuito es, en realidad, el resultado de una construcción meticulosa: modelos tridimensionales desarrollados digitalmente a partir de procesos de fotogrametría. Esculturas de museos londinenses, fragmentos de la ciudad y objetos encontrados son digitalizados y superpuestos, dando forma a un tapiz fragmentario que se despliega de manera no lineal.
Como en un sueño complejo, desordenado y difuso, las escenas se suceden intentando capturar la simultaneidad propia de un mundo globalizado y postmoderno, donde los estímulos conviven con igual intensidad, independientemente de su procedencia. En este territorio visual emergen las tensiones entre lo local y lo universal, lo propio y lo ajeno, lo venerado y lo banal, configurando un espacio en el que la saturación y el extrañamiento operan como motores de sentido.
Nelson Hernández
Enero, 2026
