CUANDO EL PROGRESO SE DETIENE
Johans Peñaloza — La Ilusión del Dominio
En La ilusión del dominio, Johans Peñaloza presenta una nueva serie de pinturas a partir de imágenes de automóviles accidentados y abandonados, donde carrocería y vegetación se disputan silenciosamente el espacio. Dos cuerpos de naturaleza opuesta entran en contacto: uno industrial, rígido e inorgánico; el otro vivo, cambiante y expansivo. Concebido para el desplazamiento, el automóvil aparece aquí inmovilizado y despojado de su función, mientras la vegetación irrumpe entre sus restos, atraviesa sus estructuras y altera sus superficies.
Esta serie da continuidad a una investigación sobre las transformaciones del territorio, presente en la práctica de Peñaloza desde Ensamblajes Territoriales. La violencia, el poder y las relaciones de dominio atraviesan una pintura que ha desplazado progresivamente su atención hacia las tensiones entre distintas formas de materia y las fuerzas que actúan sobre ellas. En esta ocasión, Peñaloza trabaja a partir de imágenes encontradas en internet que han circulado como registros de accidentes, noticias, fotografías virales o documentos de vehículos abandonados. Separadas de su contexto original, estas imágenes llegan al artista como vestigios de acontecimientos anteriores: conservan la evidencia de que algo ocurrió, aunque su historia se vuelva progresivamente incierta.
Esta tensión también se observa en la pintura. Peñaloza construye las imágenes mediante capas, manchas, empastes y líneas que distinguen las cualidades de cada materia: la vegetación aparece a través de pinceladas difusas y densas, mientras la rigidez del metal se define mediante empastes y líneas secas. La aparente solidez de la máquina se enfrenta así a la persistencia de una materia viva y expansiva.
La ilusión del dominio no implica necesariamente la victoria de la naturaleza sobre la máquina. En esa coexistencia inestable, Peñaloza pone en cuestión la permanencia de aquello que creemos controlar. El automóvil, emblema de una modernidad que confió en la tecnología como instrumento de progreso, autonomía y control sobre el territorio, aparece ahora como resto de esa aspiración. Aquello que parecía sólido y estable queda expuesto a fuerzas y temporalidades que exceden la voluntad humana. Desde una suerte de arqueología del presente, la pintura observa estos restos y el enigma de una ausencia que emerge entre ellos.
Santiago, agosto 2026
