Érase una vez el fin | Vicente Prieto Gaggero: La Embajada | Madrid

11 Febrero - 3 Marzo 2023

“Sus obras fósiles de una civilización pretérita. El artista es quien rememora el mundo pasado a través de su trabajo, y lo hace con el único material del que dispondrá en el futuro: la arcilla”.

Juan José Santos

Un experimento: véase toda la filmografía de David Cronenberg en un maratón de 24 horas. Puede que sobrevivan, tal y como los personajes de sus películas resisten a las mutaciones, accidentes, metamorfosis y virus. Más difícil será superar el día siguiente. La vida doméstica se tornará extraña. Se sentirán observados en su casa, y su zona de confort – su hogar – será ahora una materia viva y palpitante. Al horno le saldrán tetas y pene; a los vasos, dientes, y a la ducha, tentáculos. Finalmente, ustedes mismos se convertirán en parte de los muros, los muebles, el techo y el suelo.

 

Sobre una estructura que recuerda a una casa precaria descansan los fetiches de la nueva normalidad, de las que surgen, inquietantemente, viejas extrañezas. A una cafetera, a unas crocs, a una reja, las ha invadido un virus que ha causado mutaciones, tumores craquelados que amenazan con explotar como un huevo alien.

 

A una cámara y a un perro-robot, unas púas que les añaden otro poder al de la vigilancia: el de castigar. A unas píldoras les han salido apósitos humanos, como pies y orejas, a lo ratón Vacanti. La farmacéutica como vigilante y celador del interior de nuestro cuerpo.

 

Todas las piezas con una pátina cromada, como el Marilyn Manson de Mechanical Animals, el disco cuyo vinilo era una pastilla en la que se leía la palabra “coma”. Alfarería cyberpunk a medio camino entre la imaginería de Total Recall (Paul Verhoeven, 1990) y el salero pimentero Francisco I de Francia de Benvenuto Cellini. Alfarería cyberpunk hecha por un latinoamericano en España.

 

En sus apuntes, Prieto Gaggero parafrasea a Donna Haraway: “El cyborg no reconocería el Jardín del Edén, no está hecho de barro y no puede soñar con volver a convertirse en polvo”. El fin del cuento no es sino otro comienzo.

 

En rigor, una teja muslera no deja de ser un exoesqueleto. Se genera siguiendo la forma de la pierna del obrero. El tejado de una casa estaría compuesto por objetos individualizados, por tablas curvas hechas al patrón de un cuerpo humano. Tejas que se construyen en cadena, siguiendo la lógica fordista en la que el trabajador se convierte en máquina. Idea que se repite en otra pieza de esta muestra: el pie encadenado a un ladrillo con el logo de DHL y el símbolo del dios mensajero, y que establece una lectura con la explotación de los riders, humanos-máquina infrapagados en el Madrid de hoy.

 

De esa teja “brota” una cámara de vigilancia que, unida en círculo a otras compañeras, convierte la instalación en una alegoría de la casa como panóptico. Como atestiguan las tejas semicromadas, dispersas dentro y fuera de este espacio, hay una resistencia a la vigilancia. Son fósiles de una civilización pretérita. Vicente Prieto Gaggero es quien rememora el mundo pasado a través de sus obras, y lo hace con el único material del que dispondrá en el futuro: la arcilla.

 

Juan José Santos, crítico.
Enero 2023.