La nueva pintura latinoamericana vive un momento efervescente. El comisario Christian Viveros-Fauné elige cinco artistas imprescindibles de UVNT que reinventan el medio. Vuelve la cita más refrescante con el arte contemporáneo. Este año, UVNT Art Fair volverá a celebrarse en Matadero Madrid entre el jueves 6 y el domingo 9 de marzo. Más de 40 galerías participan, la mitad de ellas internacionales. La edición de 2025 trae una novedad y una declaración de intenciones: celebrar el arte latinoamericano y establecer un diálogo en torno a él a través de la sección FOCO LATAM, comisariada por Christian Viveros-Fauné, que aúna nueve proyectos de galerías del continente. Los artistas seleccionados para representar al arte contemporáneo latinoamericano cubren un rango muy amplio: de la abstracción a la figuración, pasando por la mezcla entre arte y literatura y la exploración de temas sociales a través de técnicas pictóricas. Un hilo conductor une, sin embargo, todas sus obras: han elegido la pintura como técnica para expresarse y, aunque cada cual bebe de fuentes más variadas, todos han pasado su obra por el filtro del presente, reinterpretando códigos, tradiciones y temáticas. «Hay una especie de actualización de la pintura pasando en varios países LATAM en base a tradiciones centenarias y con temas modernos. La pintura es el medio artístico más antiguo. Como tal, es capaz tanto de invocar la historia con mayúscula como ralentizar la mirada durante una era definida por la amnesia y la velocidad», explica Viveros-Fauné a MANERA, que destaca estos cinco artistas imprescindibles para la feria y más allá.
María Yzada (Lima, Perú, 1995) transita entre lo figurativo y lo abstracto, sugiriendo cuerpos que nunca se definen con claridad. Como en las pinturas infantiles, la mancha predomina sobre la línea, otorgando a sus composiciones una vibrante espontaneidad. Su uso del color recuerda al de artistas como Georgia O’Keeffe, en una exploración pictórica tan delicada como expresiva. En la imagen, Portal IV (2024).
Rolankay (Chañaral, Chile, 1989) se define por la figuración, el color y el gran formato, en sintonía con la Nueva Figuración. Sus colores, sólidos y saturados, rompen con cualquier atadura a la realidad, dando lugar a escenas donde tigres azules o rostros morados se convierten en protagonistas. Este enfoque cromático remite al fauvismo, así como a la paleta vibrante de David Hockney.
Mónica Figueroa (Oaxaca, México, 1991) explora la representación del cuerpo femenino. Su obra recuerda a un Gauguin reimaginado desde una mirada actual, con una estética cercana al realismo mágico. Como ocurre con la literatura latinoamericana, su pintura trasciende la realidad para adentrarse en lo onírico, conectando con artistas como Leonora Carrington y Remedios Varo. En la imagen, pintura Amigas InterEspecie (2024).
Román de Castro (CDMX, México, 1988), con un estilo de marcada estética naíf, fusiona imagen y palabra en un equilibrio singular. Sus lienzos están dominados por textos humorísticos o poéticos, generando una narrativa propia que interpela al espectador. La simplicidad de su trazo y la aparente espontaneidad de sus frases esconden una profundidad y reflexión inesperada. Paul Amundarain (Caracas, Venezuela, 1985), aunque reside en EEUU, mantiene un fuerte diálogo con el arte geométrico y cinético que tuvo un gran auge en el siglo pasado en su país. Su obra abstracta destaca por el uso del blanco, el negro y la geometría. Amundarain traslada ese legado al lienzo, reinterpretándolo con un lenguaje propio.
Carolina Freire Vales