“El mundo, así como lo entendemos, está compuesto tanto por aquello que existe como por aquello que se nos escapa. Y lo que se nos escapa es mucho más vasto que lo que existe, aunque no por eso menos real.”
El devenir de las imágenes posee algo inevitablemente misterioso. ¿De dónde surge una composición que nos conmueve o la intuición inicial de una pintura que insiste en volver una y otra vez? Ese enigma atraviesa toda creación artística. Entre trabajo, memoria e inspiración, las imágenes parecen emerger desde un territorio difícil de precisar, un espacio donde imaginación y experiencia se entrelazan.
En ese ámbito incierto —donde, como escribió Rainer Maria Rilke, una idea de creación reúne innumerables noches de amor olvidadas— se sitúan también las obras de esta exposición. Tanto las pinturas de José Cori como las de Rolankay se aproximan a ese umbral donde lo visible y lo imaginado se confunden, abriendo paso a mundos posibles que habitan dentro del nuestro.
En las pinturas de Rolankay predominan las sombras y la penumbra. Espacios cerrados, atravesados por haces de luz y una paleta cromática intensa, sugieren escenas cargadas de tensión, erotismo y misterio. Siluetas imprecisas, reflejos y contornos inestables construyen atmósferas donde lo inquietante convive con una seducción latente.
Las obras de José Cori, en cambio, despliegan un imaginario poblado de figuras que evocan lo mítico y lo religioso: ángeles, errantes o personajes que parecen surgir de relatos antiguos. En ellas confluyen múltiples tradiciones visuales, desde referencias al arte renacentista hasta ecos de la pintura moderna, en composiciones que combinan ornamentos, color y citas históricas.
En ambos casos, estas imágenes no buscan explicar el mundo, sino ampliarlo. Son ficciones que emergen de la imaginación y que, como fantasmas persistentes, median nuestra relación con la realidad y abren nuevas posibilidades para pensarla.
José Tomás Fontecilla, Curador
