Sombras Tenebrosas | Víctor Castillo

13 Mayo - 6 Junio 2026

SOMBRAS TENEBROSAS

Escenas para un archivo oscuro de la sensibilidad

 

Víctor Castillo ha construido en las últimas tres décadas una de las carreras más sólidas del mundo del arte: su talento como pintor cautivó largamente otras fronteras, instalando un imaginario único que se enraíza en los colores del cielo sureño, la influencia del caricaturista nacional Coré y la programación de la televisión infantil chilena de las décadas del ‘70 y ‘80. 

 

Ese campo pictórico, planteado sutilmente como chileno pero efectivo a escala global, ha sido desarrollado principalmente en acrílico sobre tela. Sin embargo, Castillo, y en particular desde su regreso a Chile, ha explorado con éxito otras técnicas de las artes visuales: así ocurrió tiempo atrás con sus primeras obras en carboncillo, expuestas en esta Galería; así ocurre esta vez con su primera exposición de obras en óleo. 

 

El paso al óleo no es simplemente un cambio de técnica: es una modificación profunda del tiempo de la obra, pues trabajar con óleo implica también una ética material distinta. El secado lento obliga a convivir con la incertidumbre, a aceptar que la obra no se cierra cuando el artista lo decide, sino cuando la materia lo permite. Hay en esto una forma de disciplina silenciosa: preparar las superficies, medir los aceites, comprender la densidad de los pigmentos, esperar. La pintura se construye entonces como una acumulación de veladuras, transparencias y opacidades que requieren precisión y paciencia, pero también una sensibilidad particular para leer lo que emerge desde la propia materia. En este tránsito, Víctor Castillo se adentra en un régimen de trabajo en el que la pintura responde a la respiración pausada del taller. Aunque baile y ría mientras pinta. 

 

En Sombras Tenebrosas, el imaginario de Víctor Castillo reaparece como una escena reconocible: figuras enigmáticas situadas en paisajes crepusculares, donde la atmósfera parece haber sido contaminada por una tensión nuclear que nunca termina de resolverse. 

 

No se trata de una cita directa con la iconografía popular, sino de su lenta deformación.

La paleta, característica de su producción, intensifica este efecto: verdes enrarecidos, naranjas incandescentes, cielos que oscilan entre el ocaso y el incendio, construyen un espacio donde la luz más que iluminar, advierte. Así, cada escena parece organizada bajo una lógica interna donde lo dulce y lo violento coexisten sin jerarquía, como si la pintura funcionara, una vez más, como un archivo de aquello que no termina de volverse consciente: una memoria visual que insiste, que retorna, y que en su repetición va revelando las fisuras de un imaginario colectivo de lo siniestro.

 

Natalia Arcos Salvo
Teórica del arte

Mayo 2026